2 de noviembre de 2008

Cuaresma

Los pueblos antiguos practicaron el ayuno y la penitencia para expresar contrición y arrepentimiento así como también para controlar tendencias naturales indeseables. Esta costumbre abnegada y humilde es contraria a los ideales de nuestra cultura que pone el énfasis en la satisfacción de todos y cada uno de los deseos que pudiéramos sentir. Las tradiciones penitenciales de la Iglesia tienen como objetivo el que tomemos conciencia y sintamos contrición por nuestros pecados, ayudándonos a controlar nuestros impulsos y deseos así como lo hicieron los santos de tiempos antiguos.
Génesis 18,27 — [Abraham] entonces dijo: "Yo, que no soy más que polvo y ceniza, tengo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor."

La devoción del Miércoles de Ceniza nos recuerda esta simple verdad: somos mortales.
2 Samuel 13, 19 — Tamar se cubrió la cabeza con ceniza, desgarró su túnica de mangas largas y poniéndose las manos sobre la cabeza, se fue gritando.

Tamar expresó así su tristeza por haber sido deshonrada.
Ester 4, 1-4 — Cuando Mardoqueo se enteró de lo que había pasado, rasgó sus vestiduras, se puso un sayal, se cubrió de ceniza y salió por la ciudad dando gritos de amargura, hasta llegar frente a la puerta real, porque nadie podía franquearla vestido con esa ropa. En cada provincia, a medida que iba llegando la orden del rey y su decreto, había un gran duelo entre los judíos, con ayunos, lágrimas y lamentaciones. Y el sayal y la ceniza sirvieron de lecho para muchos. Las doncellas y los eunucos de Ester fueron a comunicárselo y la reina se estremeció de angustia. Luego envió ropa a Mardoqueo para que se quitara el sayal y se vistiera, pero él no quiso saber nada.

Mardoqueo lamenta de esta manera la opresión de su pueblo y hace penitencia, rogando a Dios por su liberación.
Daniel 9, 3 — Yo volví mi rostro hacia el Señor Dios para obtener una respuesta, con oraciones y súplicas, mediante el ayuno, el cilicio y las cenizas.

Job 42, 5-6 — Yo te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos. Por eso me retracto y me arrepiento en el polvo y la ceniza.

Job asocia el arrepentimiento con las cenizas, luego de oír la admonición de Dios.
Jonás 3, 6-10 — Cuando la noticia llegó al rey de Nínive, este se levantó de su trono, se quitó su vestidura real, se vistió con ropa de penitencia y se sentó sobre ceniza. Además, mandó proclamar en Nínive el siguiente anuncio: "Por decreto del rey y de sus funcionarios, ningún hombre ni animal, ni el ganado mayor ni el menor, deberán probar bocado: no pasten ni beban agua; vestíos con ropa de penitencia hombres y animales; clamad a Dios con todas vuestras fuerzas y convertíos cada uno de vuestra mala conducta y de la violencia que hay en vuestras manos. Tal vez Dios se vuelva atrás y se arrepienta y aplaque el ardor de su ira, de manera que no perezcamos". Al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió.

Marcos 3, 1-6 — Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos", así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados. Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: "Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias."

Al leer las Escrituras frecuentemente encontramos que hombres y mujeres santos se niegan a sí mismos la comodidad y el placer, ofreciéndolos como sacrificio penitencial a Dios. El tiempo de Cuaresma es una oportunidad que tenemos todos para seguir su ejemplo, examinando nuestras vidas y limpiando nuestros corazones de distracciones e impedimentos.
Mateo 4, 2 — Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre.

Cristo dio el ejemplo en su propia Cuaresma, negándose la satisfacción de sus deseos corporales.
Lucas 10, 13 — ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentados con sayal y ceniza, se habrían convertido.

Hacer penitencia siempre ha sido parte del debido arrepentimiento por los pecados. Jesús mismo da validez a la práctica de la penitencia como muestra de arrepentimiento. Ver también Mateo 11, 21.
Ezequiel 9, 1-11 — El gritó fuertemente a mis oídos: "Acercaos, castigos a ciudad, cada uno con su instrumento de exterminio en la mano". Entonces llegaron seis hombres del lado de la puerta superior que mira hacia el norte, cada uno con su instrumento de destrucción en la mano. En medio de ellos había un hombre vestido de lino, con la cartera de escriba en la cintura. Todos entraron y se detuvieron delante del altar de bronce. La gloria del Dios de Israel se levantó de encima de los querubines sobre los cuales estaba, se dirigió hacia el umbral de la Casa y llamó al hombre vestido de lino que tenía la cartera de escriba en la cintura. El Señor le dijo: "Recorre toda la ciudad de Jerusalén y marca con una T la frente de los hombres que gimen y se lamentan por todas las abominaciones que se cometen en medio de ella". Luego oí que les decía a los otros: "Recorred la ciudad detrás de él, herid sin una mirada de piedad y sin tener compasión. Matad y exterminad a todos, ancianos, jóvenes, niños y mujeres, pero no se acerquen a ninguno que esté marcado con la T. Comenzad por mi Santuario". Y comenzaron por los ancianos que estaban delante de la Casa. Después dijo: "Contaminad la Casa y llenad de víctimas los atrios; luego salid y golpead en la ciudad". Mientras ellos herían, yo quedé solo y caí con el rostro en tierra. Entonces grité: "¡Ah, Señor! ¿Vas a exterminar todo el resto de Israel, derramando tu furor contra Jerusalén?". El me respondió: "La iniquidad de la casa de Israel y de Judá es inmensamente grande; el país está lleno de sangre y la ciudad está colmada de injusticia, porque ellos piensan: "El Señor ha abandonado el país, el Señor no ve nada". Yo tampoco tendré una mirada de piedad ni me compadeceré, sino que haré recaer sobre ellos su mala conducta". Entonces el hombre vestido de lino, que tenía la cartera de escriba en la cintura, dio cuenta diciendo: "Hice lo que tú me habías ordenado."

Las frentes de aquellos que se horrorizan ante la maldad del mundo son marcadas con el signo de la letra T (tau) que es un modelo profético de la Cruz. Los malhechores son exterminados pero los que tienen la marca en sus cabezas son perdonados.